No deberíamos dejar de valorar el caos emocional que provoca la diferencia evidente entre la visión oficial de una organización y su realidad manifiesta.
Una organización emocionalmente inteligente es la que sabe conciliar esas posibles disparidades que pueden surgir entre los valores que proclama y los que constituyen su práctica cotidiana.
Las transparencia sobre los valores, el espíritu, la misión, los objetivos y las acciones compartidas de una organización son claves para crear un clima de confianza, inyectar moral y energía.

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