Después de una derrota electoral cualquier líder, partido político, todos sus miembros tanto dirección como bases, incluidos simpatizantes, suelen pasar por distintas fases:
1.Fase de Negación: Nos negamos a aceptar la realidad, con sensaciones de que lo ocurrido no puede ser verdad o es irreal. “Esto no puede ser verdad”.
2.Fase de Rabia: Incluso como seguirnos no aceptando en su totalidad lo ocurrido, algo nos hace sentir rabia por lo acaecido. Esta fase se caracteriza por expresiones que buscan personas culpables o causas que motivaron la derrota, pero nunca nuestra responsabilidad.
3.Fase de Arreglo/Pacto/Acuerdo/Negociación: “No está todo perdido”. “Todavía podemos hacer algo” ¿Qué podemos salvar de la quema? ¿Qué es recuperable y que no? ¿Quién me puede ayudar y quién es mi rival?
4.Fase de Tristeza: Es esfuerzo por negar o no aceptar, por el rabia y el dolor, y por los denuedos de acuerdo y arreglo; nos llevan a un estado mezcla de frustración y pena.
5.Fase de Aceptación: Para llegar este estado final, algunas veces se pasa por todas la fases anteriores o por algunas de ellas. Lo inteligente es intentar pasar rápidamente por las anteriores fases, o llegar directamente a la Aceptación (digo mental, democráticamente ni nos lo cuestionamos, evidentemente) de la derrota. La Aceptación no la podemos confundir con resignación. Se trata de aceptar lo ocurrido y ponerse manos a la obra, previo análisis objetivo de todo lo ocurrido.