En el sentido más amplio de la
palabra, la inteligencia es la capacidad
de resolver problemas, hacer frente a los desafíos o crear algo valioso. En
este sentido, la compleja interacción existente entre las personas y sus
relaciones, culturas y roles es la que
acaba determinando la inteligencia de una organización.
Nadie puede llegar a conocer toda
la información que necesita el grupo para funcionar eficazmente. La inteligencia de una organización depende
de la adecuada y oportuna distribución y procesamiento de los diferentes tipos
de información.
Toda organización es "cibernética" en el sentido de que continuamente se halla
inmersa en bucles de retroalimentación,
recopilación de información de dentro y de fuera de ella y llevando a cabo los
ajustes pertinentes.
En un entorno competitivo en el
que se halla en continuo cambio, la organización que más información puede
tener en cuenta, y responde de un modo
más rápido y creativo, en
consecuencia, es la más adaptativa.
El flujo de información que se
mueve en el seno de cualquier organización, desempeña un papel crucial en su supervivencia, algo a lo que algunos se
refieren hablando del "capital
intelectual" de la organización.
